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"Una tormenta de canciones de amor a quemarropa" de Los Marcianos

Sección: Discos

Sara Morales - @sara_warsaw, 09 de Junio de 2016

Confluyen en esta nueva entrega de la banda de Vigo, justamente las dos caras de esa moneda que los define. Por un lado, canciones de pop sixtie crujiente y virtuoso; y por el otro, el desgarro de la distorsión que desemboca por momentos en un noise suave y llevadero.

Capaces de desenvolverse con facilidad y maña en ambos lenguajes, vuelven a pasearse por doce temas que hablan del amor, la falta de este, las relaciones y los sentimientos encontrados que las conforman. Esta vez se dan cita en un álbum bautizado con el nombre de Una tormenta de canciones de amor a quemarropa donde sí, el título ya lo dice prácticamente todo. Carácter, aplomo, arrojo y también templanza cuando, llegado el momento, es necesaria.

En unas ocasiones el tono es callejero, en otras se torna dulce. No importa si se habla de dependencias físicas y químicas, de sentimientos tóxicos que llegan al insulto o si se le rinde pleitesía al odio. Los Marcianos han encontrado la fórmula para hacerlo con personalidad sin que nada suene manido. Parece con ellos que pisamos estos terrenos por primavera vez, y eso, estas alturas, se agradece.
 

 

 

Aromas pretéritos

Tras su debut con el disco Esto va en serio en 2010 y el single Segundas Partes en 2013, los gallegos han elegido para dar vida a su tercera entrega, y la más extensa también, hacerlo de la mano de Clifford Records. Sello almeriense que apuesta por los sonidos emergentes del panorama nacional y que proporciona la posibilidad de la edición en vinilo de todo su catálogo.
 

Producido por Carlos Hernández,  Una tormenta de canciones de amor a quemarropa pinta sabores retro desde la imagen de su cubierta. Protagonizada por una mujer con paragüas -entre el arquetipo de geisha y una mimo de los años 50 o 60- junto a la mítica furgo Volkswagen, el álbum arranca con las promesas escapistas de "Un tren a San Francisco" y cierra con la enturbiada "El Mr. Hyde de los ojos rojos".
Mientras tanto, diez pasajes más que, como indicaba al comienzo de este artículo, fluyen entre el tono edulcorado más poppie ("220", "Extraterrestre", "Consulta la prensa mañana") y el deje sucio con incipiente carácter garagero ("Gina se va a Londres" o la hipnótica "Los vientos de Santa Ana").

 

 

Un tratado de dulce suciedad

Es su vocación distorsionada en una clara apuesta por la instrumentación de garage, pero con una línea melódica que aporta nitidez, el engranaje más interesante de Los Marcianos. Con esas, consiguen brillar en un cuidadoso juego de estéreos a base de voces lejanas y sonido vintage con "Pauline", se adentran en las olas del pop surf dinámico y fresco en "Aquel verano fue un desastre" y ofrecen sus aristas más rock en "La bomba" -dotada de un ritmo muy particular- y en la mordaz "Odio" con armónica incluida.
Sin embargo es la contagiosa "Mississippi", enraizada en los acordes del rock clásico, la que dota de esplendor y luminosidad al conjunto del álbum. La joya escondida en la cara B de un disco que, tanto en la quietud como en el movimiento, se paladea con gracia.

 

 

LOS MARCIANOS

Ibán: Voz y guitarra
Víctor: Batería
Abel: Bajo

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